sábado, 20 de septiembre de 2014

Una vida sin complicaciones, no es vida


Recuerdo aquel día de abril como si fuera ayer, hacía mucho frío y probablemente la sonrisa de los niños que circulaban alrededor mío era totalmente ajena. Es que ser el centro de atención representa un dura batalla, mas aún cuando vez un séquito de embelesadas y enérgicas criaturas subiendo y bajando escaleras... Así es, tal como recuerdo mi primer día de clases.

Desde que nací probablemente llevo este gen maligno de querer ser mejor que el resto (y especifico querer pues no necesariamente ha sido un hecho tangible), sin embargo, tener que lidiar constantemente con esos estúpidos y crueles niños de mi escuela primaria no se lo deseo a nadie. A veces pensaba que mis padres me querían dar una lección -por ser tan egoísta con mi hermana- razón por la cual tuvieron la osadía de arrancarme la felicidad sin el menor reparo y pese a que obraron de buena fe (supuestamente), para mi representaría el primer estadio de lo que yo llamaría una crisis existencial. 

Conozco personas que al leer mi versión de los hechos simplemente pensarán que exagero y un grupo absolutamente minoritario comprenderá mi posición. 

Inicie una carrera rumbo al saber a muy corta edad, mis padres creían, creen y crearán que nací con un coeficiente mayor al del resto de personas - lo que responde al ciego amor de los padres hacia los hijos- y que motivo a tomar la "magnífica" determinación de matricularme con tan solo 5 años en el nivel primario de una de las escuelas más presuntuosas del lugar donde vivía.
Debo aclarar que en mis tiempos los niños entraban a primer grado con 6 años... no había ese rollo de la estimulación temprana, entre otras huachafadas que han inventado para "supuestamente" mejorar el desarrollo del niño. 
No exagero con los adjetivos¡¡ No eran ni el Humboldt, ni la Recoleta y mucho menos el Markham College pero quien era yo para quitarles la ilusión. Ya anteriormente había tenido problemas para adaptarme a situaciones adversas como cuando mis padres me separon de mi profesora del nido o cuando decidieron sin preguntarme -no debería ser así- tener una hija más con quien yo jugaría y no me sentiría sola (claro cuando tienes un ser humano incansable que quiere estar prendido de ti como chicle en el zapato... en fin esa ya es otra historia).

Primer día de clases, primer día de infelicidad

El silbato marcó el inicio de las clases...todos corrían hacia sus aulas pero mi pregunta era cómo sabían a donde ir? seguramente habían dado alguna capacitación previa y el desorientado de mi padre -para variar- se olvido de traerme. Eso pensé. No iba ser tan difícil ubicar a mi grupo, así que con senda valentía camine buscando rostros familiares. Mi primer intento fue fallido -tenía mis manos nerviosas y ojos vidriosos listos para iniciar un pequeño drama por causa de la sensación de abandono- pues si tan solo mi padre me hubiera encaminado un poquito. Empero, como héroe de historieta alguien se apiado de mi -fue lo que pensé- al sentir una voz amable que me preguntaba consecutivamente a qué salón pertenecía y quién era mi maestra. Yo no sabía nada, quería llorar. 
Siempre he solucionado todo llorando, es mi mecanismo de defensa ante la adversidad. Si, me ahogo y las palabras se atascan en mi garganta, como un nudo... y por mas que quiero decir algo, mis lágrimas me roban la partida.
Gracias a la oportuna intervención del auxiliar del colegio, personaje de gran tamaño y voz medio aletargada, pude situarme espacialmente y llegar a puerto seguro. Una vez en el aula los mire a todos, quienes a simple vista parecían inofensivos -y recalco parecían-por que tiempo después descubrí que no lo eran. 

Ay la vida tan complicada¡¡ Sales de una, entras en otra. Súbitamente, avizoraba un nuevo desafío, buscar un lugar donde sentarse -ni modo que estudiara parada. La verdad, no encontré silla disponible y no es por que no buscara sino que como cosa del destino todos ellos parecían conocerse, pero ninguno a mi. Me miraban raro. Incluso uno de los alumnos tenía un sitio exclusivo, tenía apariencia de ser algo retrasado -irónicamente era el hijo de la directora, por tanto su única deficiencia era el engreimiento. Ser el menor de 3 hermanos a veces no es muy ventajoso. Te desubicas, pierdes los papeles, los pernos, etc.
"El engreimiento puede ser pernicioso, muchas veces relacionado con problemas serios de autoestima. Por eso padres no engrían desmedidamente a sus hijos sino quieren que se conviertan en el espeluznante resultado de fallidos intentos en su lucha por educarlos".
Felizmente, la maestra me designó un sitio y pese al rostro de descontento de mi nuevo compañerito obtuve una trinchera después de tanto batallar. Sin perder mi peculiar estilo para socializar decidí hablar con el compañero que me asignaron pero éste desdichado simplemente me ignoró. Y otra vez, volví a cero. Inesperadamente todos sacaron útiles, y yo -para variar por culpa de mi padre- no tenía absolutamente nada. Que iba a hacer? Alguien que me preste una hoja, un lápiz? pero si ni siquiera tuvieron la amabilidad de decirme hola, menos tendrían el noble gesto de socorrerme en este ligero impase. Ay Dios mío... Porqué yo¡¡¡

Esperanzada en el buen criterio de la docente trate de guardar la calma, solo que para mi mala suerte ella era de la escuela antigua, una vieja amargada que probablemente escogió ser profesora por que le parecía una opción rentable y más aun por que en aquellos tiempos ese puesto le implicaba un nota de distinción. 

Si bien no aplicó la cavernaria política de "con sangre entra la letra" -tampoco yo se lo hubiera permitido- además aunque yo era una infante ya sabía mis derechos  y no iba a parar hasta llevarla a instancias judiciales, no tuvo genial idea que exigirme un papel y un lápiz. Pero yo no tenía nada. 

Nuevamente los ojos vidriosos transformaron mi inocente expresión en uno de desgarradora  confusión... corrí, corrí y corrí, bajé escaleras (esos peldaños se me hacían inmensos). Tan solo tenía 5 años, yo buscaba al culpable...a mi papi... pero él ya estaba lejos probablemente en casa, mirando el recuento de la sección deportiva del noticiero. 

Pasaron los minutos -que para mi fueron horas- mientras las vertiginosas lágrimas brotaban de mis ojos aunadas a un deseo irrefrenable de volver a casa, las mismas que solo encontraron sosiego cuando con manitos temblorosas me senté en una de las bancas de aquel patio solitario. 
Mire fijamente a mi alrededor, esa horrible sensación me perseguía. Desde que tengo uso de razón he creado imágenes mentales en donde me veo como una de esas niñas que son abandonadas por sus padres y se ven en la imperiosa necesidad de subir a los buses a pedir colaboraciones, por no decir, limosnas. Será que esto forma parte de un plan malévolo de deshacerse de mi. Me abandonaron en este lugar? si o no? Alguien que me responda por favor.

Siguió corriendo el tiempo, él nunca se detiene. Permanecí sentada un largo rato, tratando de enjugar mis lágrimas que parecía que aun no habían decidido detenerse. 

Finalmente, regrese al aula sin papel, sin lápiz y con un profundo sentimiento de resignación. Que hoy no fue un buen día, probablemente mañana tampoco lo será. Por que ellos no me quieren, y yo a ellos menos. Después de esta experiencia de vida, nada fue lo mismo. Decir que posteriormente tuve momentos más gratos seria una patraña mayúscula. Lo que siguió simplemente fueron días menos infelices y otros tortuosamente pasivos.

Bien dicen que UNA VIDA SIN COMPLICACIONES, NO ES VIDA...





 










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